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Debemos reconectar nuestro éxito de negocios con el progreso social: Lic. Córdova Lira
Sustentabilidad, responsabilidad social y valor social compartido, base de la nueva cultura empresarial
Discurso del nuevo presidente del CCEC (período 2011-2012)
Hoy me corresponde encabezar el organismo empresarial más importante y representativo de Cancún y del estado de Quintana Roo, el Consejo Coordinador Empresarial del Caribe (CCEC) para el período 2011-2012. Este organismo, con más de diez años de intenso trabajo, ha sido dirigido por ocho extraordinarios y comprometidos empresarios, a quienes agradezco su esfuerzo y compromiso: deben sentirse muy satisfechos de lo logrado.
En especial quiero agradecer a Cristina Alcayaga, mi predecesora en esta responsabilidad, la invitación que me hizo para ocupar el cargo como vicepresidente, y su apoyo y confianza en mi aspiración a la presidencia del CCE; sobre todo, deseo expresar mi reconocimiento porque deja un organismo fuerte, organizado y unido que facilita, y mucho, la labor del Consejo Directivo. Integrado por veintiocho organismos y asociaciones profesionales, nueve instituciones académicas, veinte empresarios miembros del consejo consultivo, cinco miembros del consejo directivo, un grupo de tres asesores y cinco colaboradores, el organismo representa un cuerpo colegiado de amplia capacidad, experiencia y conocimiento que participa e incide en un número muy importante de organizaciones, instituciones y órganos de la vida política, económica, social y académica a nivel municipal, estatal y nacional, y que, por lo tanto, puede y debe incidir positivamente en el desarrollo de nuestro municipio y de nuestro estado.
Los empresarios jugamos un papel fundamental para contribuir a la solución parcial de problemáticas tan profundas como, por ejemplo, la que México atraviesa ahora en materia de violencia e inseguridad, problemática no ajena a Quintana Roo y Cancún. Afortunadamente, en nuestro estado y municipio, los índices delictivos son menores. Aun así, los empresarios, sin duda alguna, debemos de luchar unidos —con sociedad y gobierno— para resolver estos retos de corto plazo. Y lo estamos haciendo con convicción, firmeza y recursos.
Por eso, debemos de concentrar los esfuerzos para incidir en las causas que generan los actos delictivos, la violencia, la inseguridad. Es decir, trabajar mucho más en una labor de prevención. La pobreza, la inequidad y las carencias educativas; la corrupción, la impunidad y la violación a los derechos humanos; la falta de empleo y de oportunidades, y un sistema obsoleto e ineficiente de administración y procuración de justicia son, todas ellas, las principales causas que generan la situación por la que atraviesa nuestro país.
La creación de empresas genera empleos y bienestar. Pero hoy ya no es suficiente. Hoy los empresarios debemos y podemos ir más allá de esta visión tradicional. Reconocemos los problemas y los retos que tenemos por delante. Pero también sabemos las fortalezas y oportunidades que podemos y debemos aprovechar.
La sociedad y las empresas están cada día más conscientes de la necesidad de modificar el modelo de desarrollo aplicado en los últimos 60 años. Es un modelo que ha generado crecimiento, creación de empleos, cambios tecnológicos, pero, simultáneamente, ha afectado al medio ambiente, ha generado inequidad, no ha resuelto el problema de la pobreza y no ha respetado plenamente el Estado de derecho y los derechos humanos. En los últimos años, las empresas han sido vistas cada vez más como una causa importante de los problemas sociales, ambientales y económicos. Existe una percepción de que las compañías prosperan a costa de la comunidad. Esta pérdida de confianza lleva a que los líderes políticos tomen medidas que socavan la competitividad y minan el crecimiento económico. Las empresas estamos entrampadas en un círculo vicioso. Buena parte del problema se halla en las mismas compañías, las que siguen en un enfoque anticuado de la creación de valor que ha surgido a lo largo de las décadas pasadas. Se sigue teniendo una visión estrecha de la creación de valor, optimizando el desempeño financiero de corto plazo mientras se pasan por alto las necesidades más importantes de los clientes y se ignoran las influencias más amplias que determinan su éxito en el largo plazo. ¿Cómo explicar, si no, que pasáramos por alto el bienestar de nuestros clientes, la depredación de los recursos naturales vitales para los negocios, la viabilidad de nuestros proveedores clave o las penurias económicas de las comunidades donde producimos y vendemos? Las empresas debemos asumir el liderazgo para volver a unir los negocios con la sociedad. Debemos reconectar nuestro éxito de negocios con el progreso social. Debemos buscar la sustentabilidad económica, ambiental y social. Una solución está en el principio del valor compartido, que involucra crear valor económico de manera que también cree valor para las sociedades al abordar sus necesidades y desafíos. El valor compartido va más allá de la responsabilidad social, comparte valores de la sustentabilidad y no es filantropía.
El buen gobierno, el imperio de la ley y los derechos de propiedad son esenciales para la eficiencia y la innovación. Ningún programa social puede competir con el sector negocios a la hora de generar empleos, riqueza e innovación que mejoran los niveles de vida a través del tiempo. La mutua dependencia entre empresa, sociedad y gobierno implica que las decisiones de negocios y las políticas sociales, deben seguir el principio de “valor compartido”. Con el propósito de incidir en un cambio en el modelo de desarrollo en un proceso de mediano plazo, es necesario que las empresas adopten una cultura empresarial basada en la sustentabilidad, en la responsabilidad social y en el valor social compartido. Es una nueva forma de éxito económico. No está en el margen de lo que hacen las empresas, sino en el centro. Creemos que podemos iniciar la próxima gran transformación en el pensamiento de los negocios. Hoy muchos empresarios somos sustentables, socialmente responsables y luchamos con intensidad y convicción para que muchos más se sumen a estas tendencias actuales y necesarias. En el CCE motivaremos así el cambio a un empresariado que entienda y viva el valor social compartido. Un empresario que al producir bienes y servicios, sirva a la sociedad a la que pertenece. Que encuentre la mejor manera de agregar un valor social a todo su desempeño. Estoy convencido que lo podemos hacer y también que lo debemos hacer. Una sociedad más justa, más segura, con mayor bienestar, con mayor educación y con un medio ambiente que se conserve, es el mejor entorno para los negocios. Prosperan los negocios, prosperan los gobiernos, prospera la naturaleza, pero, sobre todo, prosperan las mujeres y los hombres, que no deben ser medios, sino el fin de una sociedad feliz.
Hoy protesté con convicción y compromiso guardar y hacer guardar los estatutos de nuestro organismo. Estos estatutos incorporan la obligación de planear y realizar proyectos que cumplan con el objeto social y logren beneficios a sus miembros y a la sociedad en general. Hoy, ante ustedes, que representan lo más importante de mi vida familiar, social y empresarial, me comprometo a realizar mi mejor y mayor esfuerzo para que en unión a todo el equipo que integra el Consejo Coordinador Empresarial cumplamos con esta protesta.
Amo profundamente a Quintana Roo y muy en especial a Cancún. No quiero ni debo fallar. Mi conciencia desea estar tranquila hoy y siempre para transitar en paz por estas hermosas tierras, disfrutando las maravillas que la madre naturaleza nos regaló y que debemos entregar a las futuras generaciones, igual o mejor de cómo las recibimos.
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